Se despertó un día, cansada por el laburo y la facultad. Se
preparó un café; mientras el gato se subía a una de las sillas de su cocina y
la miraba fijo, cuando lo notó, ella lo miró también. Vio un cuaderno en la
mesa, su lapicera de tinta andaba por ahí. Agarro ambos y con una suerte de
violencia escribió:
“Javier:
Deberías explicarme por qué pierdo el tiempo con vos. Por
qué si me llamas voy corriendo a donde estés, cuando vos no lo haces. Por qué
se cruzan millones de pensamientos con tu nombre en mi cabeza cuando estas
lejos. Por qué carajo pienso con quién estarás o qué estarás haciendo.
Explicame por qué cuando te veo no me cuesta sonreír. Por qué me cuesta ver al
resto como son y por qué los comparo con vos. Explicame por qué me pasa todo
eso, si no somos nada. Explicame por que relaciono todo con vos, aún lo que
para muchos podría ser absurdo. ¿Por qué todo empieza y termina en vos?
Explicame por qué te extraño, si no debo. Por qué te necesito si yo a vos no te
importo.
Explicame eso, y si lo entendemos los dos, puede que las
cosas sean diferentes.
Ni mejores, ni peores.
Diferentes.
Zoe”
Fumó lo poco que quedaba de su cigarrillo. Las manos le
temblaban, terminó de tomarse el café. Leyó todo de nuevo, arrancó la hoja y la
tiró a la basura. Termino con eso también.
Entendió que todo eso debía explicárselo ella misma.

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